Huellas del pasado en las esquinas de hoy

Huellas del pasado en las esquinas de hoy

El proyecto "Huellas del pasado en las esquinas de hoy” tiene como fin rescatar mediante la observación directa y la recolección de datos, en diversas fuentes de información, rastro del pasado en las esquinas de Coronel Pringles. Por esto mismo, se realizó un relevamiento en diferentes puntos de la ciudad donde es visible el tiempo en la arquitectura y carteles que aún hoy existen.
¿Sobreviven huellas de principios del siglo XX en los edificios de Pringles? ¿Es posible distinguir en el presente esas huellas de una vida ya ida, marcas, indicios? Sí, es posible. Mucho más de lo que imaginamos. Además de las evidencias del pasado que podemos apreciar en los edificios históricos reconocidos hay muchas pequeñas pero detectables evidencias en las paredes de viejas construcciones.
La observación atenta de algunos edificios antiguos, abandonados o reciclados, sobrevivientes silenciosos de otras épocas, nos revela las resistentes marcas de esa vida anterior: viejos carteles de almacenes de ramos generales, hoteles, mueblerías, farmacias, panaderías, ferreterías, asoman entre mampostería descascarada y muchas capas superpuestas de pintura. 
Este proyecto sale en busca de esas huellas para hacerlas más visibles. Recorre esquinas habituales, transitadas, pero poco observadas, para revelar esos trazos que han permanecido allí como testigos de un tiempo ido, de la gente que creó el lugar, de los empleados que atendían, de los clientes que eran asiduos, de las costumbres de un Pringles anterior a nosotros. Queremos desandar el camino, no en espacio sino en tiempo, narrando las historias que guardan ciertas esquinas.
La mayoría de los edificios situados en esquinas, con sus puertas planteadas en ochava fueron construidos para alojar comercios. Se trata de construcciones a la vieja escuela, con paredes altas y grandes puertas y ventanas, pisos de madera, sótanos para guardar la mercadería, estanterías o repisas hasta el techo que supieron estar llenas de productos de todo tipo, que en la parte baja tenían -como todavía se puede apreciar en algunos de estos almacenes que sobreviven- cajones con tapas rebatibles para almacenar aquellos alimentos que se vendían sueltos. Estas edificaciones llevaban siempre el nombre del almacén en un espacio destinado a tal fin en la parte superior de la ochava y textos a ambos lados también en una franja establecida para comunicar el contenido del negocio. Todavía hoy, si se tiene el ojo entrenado y el hábito de levantar la cabeza, se podrán apreciar esos nombres, palabras escritas allá casi en el límite con el cielo, o trozos de tipografía donde uno puede adivinar la palabra “ferretería” o la palabra “bazar”. 
¿Cuántos comercios había en  Coronel Pringles en 1900? El Anuario Kraft de 1929 consigna quince almacenes y otros nueve negocios de ramos generales. Apellidos como Alfano, De La Orden, Perea o Izarra aparecen en los distintos rubros de esa publicación comercial como Artículos rurales, Corralón, Acopiadores de frutas, Naftas, surtidores de naftas, Neumáticos, Agente de seguros. El mismo Anuario da cuenta de diez hoteles, cinco restaurantes y cuatro confiterías. Hay cinco depósitos de vinos, cervecería y despensa, cuatro farmacias, doce sastrerías, seis cigarrerías y ocho panaderías. Vale aclarar que esto es una aproximación porque no todos los comercios se censaban en el Anuario Kraft, que era una gran guía de fábricas, comercios, hoteles, y abarcaba todo el país.
El primer censo que incluyó el pueblo de Coronel Pringles fue el de 1895. Según dicho censo, la cantidad de habitantes era de 6.499 mientras que pocos años más tarde, en 1914, la población había crecido alcanzando la cifra de 14.114 personas. El censo detalla que 10.493 eran argentinos y 3.627 extranjeros. 
En esos casi veinte años la población aumentó considerablemente, producto de las políticas inmigratorias que impactaron en todo el territorio nacional pero sobre todo en las pampas. El modo de vida incluía el movimiento poblacional que llegaba y se iba acomodando en los distintos lugares, estancias, campos y pueblos. Los hoteles cercanos a la estación o aquellos del centro de la ciudad, mantenían un movimiento constante y bullicioso. La circulación diaria del ferrocarril, además, garantizaba ese ir y venir de la gente en el pueblo. Muchos de esos inmigrantes internos o del exterior comenzaron trabajando en almacenes y después abrieron los propios. Los inmigrantes que llegaron en las grandes olas migratorias de principios de siglo venían escapando de la pobreza o de la guerra, y todo ese esfuerzo para iniciar una nueva vida fue volcada al trabajo. La gran cantidad de almacenes de ramos generales, tiendas de ropas y “anexos”, sastrerías y hoteles habla de una gran actividad económica y comercial, que impulsaron con su llegada.
Es importante resaltar el papel del ferrocarril en el desarrollo económico, cultural y demográfico de la ciudad. La llegada de inmigrantes desde diferente puntos del país, América Latina y, en su gran mayoria, Europa, trajeron consigo tradiciones, costumbres, hábitos y conductas que modificaron la cotidianidad del pueblo y modificando su identidad e idiosincrasia. En esa mixtura se constituyó, y todavía lo hace, nuestra identidad. 
Los vestigios que hallamos en los edificios, en las esquinas que integran este proyecto, trazan un puente hacia esas personas. Nos permiten reencontrarnos con esos procesos de identidad que fueron necesarios para llegar a conformar una comunidad y comprobar que siguen vigentes, visibles, tal como sus huellas lo están. Y construir con todo eso nuevas y más ricas memorias. 

Gimena Di Paolo